De conversar y conocer se pretende con la radio como elemento de conexión y compañía. Vamos de aquí para allá, micrófono a cuestas, buscando personas dispuestas a disfrutar de esa conversación, descubriéndonos una historia de vida tan personal como proyectora de valores, voluntades y experiencias. Nos hubiera costado pensar, mucho más creer, que algún día vendríamos a buscar esa historia de vida a un convento de clausura; reja de por medio. Pero la imaginación es libre e infinita.
Teresa Zarroca Alberola, es «Teresita», pero sobre todo es María Alegría. Una monja clara y dispuesta como torbellino de un 11 de agosto cualquiera. Dicen, y dicen bien los ilustrados en nuestra protagonista, que siempre ha sido así de cercana, inquieta, directa y clarisa. Que su cambio vital, de civil a monacal, no escondió ni descubrió nada de ella para sus más allegados ubicados principalmente en Conchel; su pueblo de cuna, origen de todo y descanso si fuera menester.
Cuatro décadas de vida entre oraciones que elevan el alma como prueba de una unión inquebrantable, por lo menos hasta la fecha. Dios es amor y María Alegría es pura vida. Ahí fuera, no sabemos cuanto se entiende lo que ocurre aquí dentro. Y aquí dentro, podemos intuir que están por otras cosas más celestiales a diferencia del mundo que habita en el vértigo de la modernidad; para unos, final de todo, para otros comienzo de la nada verdadera.
Aquí está y hasta aquí hemos venido para decirle buenas tardes a Teresa Zarroca; Sor María Alegría…
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